martes, 3 de junio de 2014

Pequeñas metas

Cierro los ojos. Escribo esto sin mirar. Es una de las pocas cosas que puedo presumir. Escribir sin mirar al teclado. Me acuerdo de mi profesor de mecanografía, haciéndonos copiar pasajes de su "libro" de castillos de Extremadura. Qué tostón de párrafos, llenos de descripciones repetitivas de esas fortalezas, páramos y demás paisajes del oeste peninsular. Nunca fui el más rápido de la clase, apenas alcancé las 200/250 pulsaciones por minuto, pero me siento orgulloso de poder escribir, mecanográficamente hablando, mejor que muchos funcionarios u otra gente ejerciendo trabajos de atención al público.
Y es raro. Que yo me sienta orgulloso de algo que sepa hacer, se da muy pocas veces. Más bien, nunca. No me considero mejor en nada. Soy uno más del montón, de los que hacen las cosas sin destacar del resto. Del pelotón, vaya. En esa vuelta ciclista en la que siempre hay uno o más que se escapan del pelotón y pelea por llegar primero a la meta. Los hay expertos en montaña, en contrarreloj y en los "sprint" final. Yo he corrido varias veces la famosa carrera de El Corte Inglés de Barcelona, entre otras, y me siento orgulloso de hacerla. Ya sé que apenas son 10 kilómetros y es un paseo, pero yo me entiendo. Yo sigo, o intento seguir junto al gordo de corredores, viendo cómo se escapan unos y se quedan atrás otros. Pero llegar a la meta, no tiene descripción posible. 

Portada del 6 de junio de 1994, ahí estoy yo, sólo con 109.456 personas más.
En mi vida, he intentado ser muchas cosas. De pequeño, me gustaba el piano y quise aprender a tocarlo, así que mis padres me apuntaron a un conservatorio. No hice más que el primer curso y no lo aproveché. Más tarde, con la adolescencia, me propuse tocar la guitarra. Algo mejor se me dio, pero nunca he conseguido saber tocarla como me gustaría. Pasé de tocar el porompompom de Manolo Escobar o Cadillac solitario de Loquillo con una guitarra española, a canciones de Nirvana, Platero, Los Suaves, Reincidentes o Extremoduro con eléctrica y distorsión. Mucha distorsión. Se quedó ahí. Con mi grupo, Kon 2 kojones (k2k), que aunque nos lo pasamos bien, nunca llegamos a tomárnoslo en serio. No hicimos honor al nombre.

Quizás me cueste llegar a la meta, pero estoy en ello. 

Cierro los ojos. Escribo esto sin mirar.